Historia con vocabulario inventado

Extrasentir: expresar por fuera sentimientos falsos y/o que no coinciden con con lo que siente la persona en realidad.

Monumentalgia: dolor que puede sentir una persona al imaginarse el peso y magnitud de un monumento.

Tarantulografía: expresiones y reproducciones gráficas relacionadas con las arañas y sus cuerpos.

Alcoholoscopio: instrumento para examinar si una sustancia contiene alcohol.

Archisalchicha: el tipo salchicha más majestuosa y valiosa que ha existido jamás.

Avisópodo: persona cuyos pies tienen la habilidad de advertir el peligro cercano mediante un cosquilleo.

Vapocultura: producción en masa de vapor de diferentes sustancias y con diferentes propiedades.

Cerdonauta: persona que navega por diferentes lugares en busca de los «Cerdos Místicos».

Historia:

Nuestra historia se sitúa en un mundo alternativo al nuestro, con una historia distinta a la nuestra y en una época diferente a la nuestra, pero al mismo tiempo, un mundo con similitudes al nuestro.

Adler y Zelig, dos amigos exploradores, al fin logran encontrar las ruinas de Adlastia y sin pensárselo mucho, entran en la ciudad subterránea. Adlastia se podría describir, dentro de los términos que conocemos en nuestro mundo, como una ciudad de una antigua civilización con cultura y arquitectura similar a la azteca o a la maya, con la diferencia de que vivían bajo tierra, en enormes estructuras subterráneas llenas de estalactitas y estalagmitas.

Los exploradores fueron recorriendo los diferentes pasillos que llevaban a la entrada de la ciudad, mientras observaban en las paredes tarantulografías con aspecto geométrico y representaciones gráficas de otros animales, como los famosos «Cerdos Místicos».

Cuando por fin llegaron a lo que parecía la plaza de la ciudad, quedaron estupefactos, ambos sintieron al instante monumentalgia ante el calibre de las construcciones que se hallaban ante sus ojos. Se quedaron especialmente sorprendidos al ver con sus propios ojos el famoso Templo Cuculkán.
Después de quedarse varios minutos fascinados por el paisaje, decidieron seguir explorando, Zelig fue a visitar de cerca las grandes estructuras adlastistas, mientras que Adler se centró en observar los charcos de cierto líquido que se habían formado gracias a las estalactitas.

Examinó los charcos con su alcoholoscopio y pudo comprobar que, en efecto, los charcos contenían un gran nivel alcohol. Pensó que tal vez esos charcos podían haberse formado recientemente debido a las lluvias de hidroalcohol producidas por el vapor proveniente de la antigua fábrica de vapocultura, situada cerca de las ruinas de Adlastia.

Después de bastante tiempo de haber analizado las diferentes partes de la ciudad, Adler y Zelig se reunieron en el centro. Los dos amigos estaban totalmente emocionados por todo lo que habían descubierto, aunque Zelig extrasintió una calma y seriedad que Adler pudo notar perfectamente que eran falsas.

Finalmente se sentaron y descansaron cerca de una hoguera que prepararon gracias a un mechero y al alcohol que habían recolectado de los charcos en frascos. Comenzaron a hablar sobre cómo los antiguos adlastistas veneraban a los Cerdos Místicos, aunque se rieron de eso, ya que ellos no los veneraban de la forma en la que nosotros veneramos a un Dios, sino que los adoraban sacrificando a los cerdos y creando con sus cuerpos las archisalchichas.

Cuando estaban apunto de iniciar su almuerzo, Adler, el explorador avisópodo, comenzó a notar su característico cosquilleo en los pies y entró en pánico al instante, había peligro cerca. Ambos se levantaron de un salto y se pusieron alerta.

Notaron una gran vibración en toda la ciudad y dirigieron sus miradas al Templo Cuculkán, de donde provenía el temblor. Vieron en la lejanía a un hombre saliendo del templo, corriendo como si le fuese la vida en ello. Llevaba en sus manos algo raro que no lograron identificar, parecía un objeto rosa con extrañas marcas púrpuras.

Cuando el hombre que corría vio a los exploradores, gritó a pleno pulmón «¡Corred!». Adler y Zelig seguían igual de confusos, aunque conforme el hombre se acercaba, algunas de sus dudas quedaron resueltas: lo que llevaba aquel hombre en sus brazos, ¡era un Cerdo Místico! Pero entonces, ¿por qué corría? Esa pregunta fue respondida unos segundos después.

Del gran Templo Cuculkán salió de repente una enorme araña de casi el mismo tamaño que el propio templo. Mientras el templo se iba derrumbando debido al despertar de la araña, los tres desvalidos corrieron como nunca habían corrido en sus vidas.

«Soy un cerdonauta… ¡Y creo que la he cagado bastante!» gritó el hombre a los exploradores. La bonita expedición a una antigua ciudad se había convertido de pronto en una persecución horrible. Mientras el trío corría despavorido de la descomunal araña que les pisaba los talones, a Zelig se le ocurrió una brillante idea.
Cogió bruscamente la mochila que portaba Adler a sus espaldas y fue sacando de ella los frascos con el hidroalcohol recolectado, con los cuales dejó un largo camino del líquido a sus espaldas. Acto seguido, cogió el mechero encendido y lo tiró al rastro con alcohol, prendiendo de fuego todo el camino e incluso quemando a la araña colosal. Esto les ganó el suficiente tiempo para poder salir sanos y salvos de las ruinas de la ciudad, justo antes de que esta se derrumbase totalmente sobre la araña.

«Bueno, no creo que ese bicho se vuelva a despertar» proclamó el cerdonauta, aunque ahora sería él quien tendría que lidiar con los exploradores, cuya expedición había sido totalmente arruinada para siempre, y no estaban precisamente contentos.

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